La
Asociación Euskadi-Cuba se suma, con la campaña
“Bacardi, un mal trago”, al boicot, iniciado
el 13 de agosto de 1999 por Rock Around the Blockade en
Gran Bretaña, contra la empresa Bacardi.
Tres son los motivos principales que nos han impulsado
a ello.
1 .-Responsabilidad de Bacardi en el Bloqueo sufrido por
Cuba.
Los abogados de Bacardi ayudaron a redactar la Ley Helms-Burton,
que extiende el bloqueo de Estados Unidos a terceros países,
quebrantando la Ley de Comercio Internacional. Tan decisivo
fue el papel de Ignacio E. Sánchez (miembro del
C.A.N.F – Fundación Nacional Cubanoamericana
-), abogado de Bacardi, al establecer la Helms-Burton,
que el senador William Dengue dijo que la ley debería
ser rebautizada como Ley de Protección Helms-Bacardi.
La Ley Helms-Burton fue concebida para hacer aún
más recio el bloqueo contra Cuba, el cual impide
la venta de alimentos, medicinas y otros suministros esenciales,
amenazando a otros países si comercian con Cuba.
Se ha estimado que le ha costado a Cuba más de
40 mil millones de dólares en pérdidas de
producción y comercio.
Cada año es condenado por abrumadora mayoría
en las Naciones Unidas, y más recientemente, en
la IX Cumbre Iberoamericana celebrada en La Habana.
El bloqueo es responsable de causar severas escaseces
y sufrimientos al pueblo de Cuba. Viene a colación
la prestigiosa Asociación Americana para la Salud
Mundial (AAWH), que en 1997 informó que el bloqueo
norteamericano es causante de las malas nutrición
y calidad del agua en Cuba, y que a ésta se le
niega acceso a medicinas y equipo médico, que causa
que los pacientes, incluso niños, sufran dolores
innecesarios y mueran sin remedio.
La AAWH concluyo en su informe que una verdadera catástrofe
humana fue impedida al centrar el gobierno cubano sus
prioridades en el sistema de medicina preventiva para
todos los ciudadanos. Es bueno señalar que, a pesar
de los efectos del bloqueo, el año pasado Cuba
recibió un premio de la OMS por satisfacer todos
los objetivos propuestos para el año 2000- el único
país que lo ha hecho.
Al apoyar el bloqueo y financiar la Fundación Nacional
Cubanoamericana, Bacardi comparte la responsabilidad del
sufrimiento impuesto a Cuba en los últimos 40 años
por aquellos que no aceptan el rumbo político escogido
por este pueblo. En este sentido, a comienzos de junio
de 1999, los tribunales cubanos elevaron una demanda contra
el gobierno norteamericano y sus representantes, por daños
y perjuicios causados por la agresión perpetrada
durante 40 años, basándose en declaraciones
de testigos y los documentos secretos recientemente dados
a la luz por el gobierno norteamericano. Los crímenes
incluyen destrucción de barcos y aviones, guerras
biológicas y apoyo a alzados, quema de fábricas
y cultivos, asesinatos y la invasión de la Bahía
de Cochinos por tropas mercenarias, en abril de 1961.
Las bajas mortales producto de estas actividades se calculan
en 3.400 ciudadanos. Este es el tipo de actos terroristas
que Bacardi apoya.
2. – Violación de las normas internacionales
sobre el derecho de la propiedad intelectual, las marcas
y patentes.
No contentos con esto, a Bacardi ahora se le ocurre robarse
la marca del Havana Club. Aunque debido al bloqueo, el
ron cubano no puede venderse en los EE.UU., en 1974 Cubaexport
registró allí la marca Havana Club para
impedir que otras compañías se apropiasen
de ella pensando en un futuro levantamiento del bloqueo
a los productos cubanos.
Si bien el ron cubano era reconocido en el mundo como
un producto superior, necesitaba de la experiencia de
un socio extranjero para mercadear su producto internacionalmente.
Surge así, en 1994, el convenio asociativo entre
Pernod Ricard (con filiales en más de 90 países
y con posiciones avanzadas en el comercio de whisky, coñac,
vinos, aperitivos, licores, ginebra, sidra y refrescos
como Orangina) y la compañía cubana Havana
Rum and Liquors, S.A., cada una con el 50 % de la empresa
Havana Club Holding, S.A. (HCH). De esta forma, los derechos
de propiedad de la marca fueron comprados por la compañía
francesa Pernod Ricard, a pesar de las epístolas
intimidatorias de Bacardi.
Cuando Pernod Ricard entre con su socio cubano en el negocio
global del ron, la competencia del mercado comienza a
convertirse en un juego peligroso: cada botella de Havana
Club vendida en el comercio internacional representa una
botella menos a vender de Ron Bacardi.
De acuerdo con un artículo del Miami Herald (27
de marzo de 1995) “la industria de destilarías
ha venido declinando por años. El tequila, el vodka
y las bebidas saborizadas se están abaratando,
mientras que las ventas de Bacardi en el mercado mundial
cayeron de 22.900.000 cajas, en 1990, a 20.000.000 en
1993” Y la curva siguió descendiendo...”
En 1996, Bacardi comenzó ilegalmente a mercadear
su propio Havana Club y Pernod Ricard presentó
una demanda.
El 21 de octubre de 1998, el Senado norteamericano, por
presiones de los abogados de Bacardi, presentó
una enmienda (la llamada Sección 211), añadida
apresuradamente a la Ley de Presupuestos del año
1998. La sección 211 estipula arbitrariamente que
ningún tribunal de los EE.UU puede reconocer o
validar, en ninguna forma, cualquier reclamación
relativa a marcas o nombres comerciales de propiedades
confiscadas por el gobierno cubano. Bacardi reclama que
el Havana Club usa propiedades de Bacardi que fueron nacionalizadas
por Cuba en 1960.
Era de esperar que la mencionada “Sección
211” se aplicara de forma retroactiva y en detrimento
de los principios elementales de la propiedad intelectual,
de las marcas y patentes que se aceptan mundialmente,
al tratarse de un producto cubano que fue registrado,
desde 1974, en la Oficina de Patentes y Marcar de Estados
Unidos (USPTO), según su nombre en inglés,
pero lo que resulta realmente asombroso es que, en medio
de la campaña publicitaria lanzada por Washington
para demostrar que está “flexibilizando”
sus posiciones respecto a Cuba, la justicia norteamericana
reafirma en su sentencia que “el bloqueo está
vigente” y que “su fin es lejano”, para
no reconocer el argumento de los demandantes sobre un
posible perjuicio comercial futuro: la intención
de entrar en el mercado de los Estados Unidos, una vez
que la ley lo permita, representa un “interés
comercial previsto” que confirió a Habana
Club capacidad para presentar su demanda.
En este sentido la juez Schelndlin no pudo preservar el
proceso de la enraizada política anticubana de
su Gobierno: “La posibilidad de los demandantes
de entrar en el mercado estadounidense es muy remota en
esta etapa como para conferirle la capacidad de actuar
como parte demandante. Se reconoce que el bloqueo se diseñó
con efecto temporal. Sin embargo, a pesar de la difundida
crítica del bloqueo, éste se ha mantenido
por un período de más de 35 años”.
Y antes de hacer público el fallo a favor de Bacardi,
estas fueron sus últimas palabras: “No cabe
duda de que los demandantes persiguen un objetivo capitalista
loable: la competencia justa y el aumento máximo
de sus ventas y quizás, incluso, la protección
de los consumidores estadounidenses. Sin embargo, su incapacidad
para hacerlo en estos momentos, no obedece a las acciones
de los demandados, por justas o injustas que éstas
sean, sino a la determinación ejecutiva y legislativa
de que el bloqueo contra Cuba continúa siendo un
componente de nuestra política exterior”.
El acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de la Propiedad
Intelectual relacionados con el Comercio (Acuerdo sobre
los ADPIC), Anexo 1 C del Acuerdo de Marrakech, por el
que se establece la Organización Mundial de Comercio
(concertado el 15 de abril de 1994 y en vigor desde el
1 de enero de 1995), constituye uno de los acuerdos multilaterales
comerciales para los miembros de esta organización,
a la que pertenecen tanto Cuba como los Estados Unidos.
Con la aplicación de la “Sección 211”
de la Ley del Presupuesto y su repercusión en el
fallo del Tribunal, han quedado quebrantadas las obligaciones
que los Estados Unidos debió asumir a partir del
1 de enero de 1996, como país miembro de la Organización
Mundial de Comercio.
3. – Venta de un ron denominado cubano que no tiene
ningún componente de Cuba.
En el otoño de 1995, Bacardi-Martini, consciente
de que el bloqueo a Cuba impide que este país comercialice
la marca Havana Club en Estados Unidos, comienza a distribuir
un “nuevo” ron en este país. Su etiqueta
de presentación, una vistosa fotografía
del Malecón habanero, lleva el nombre de Havana
Club, mientras que su campaña publicitaria usa
el siguiente eslogan: “Descubra el sabor de La Habana
Vieja”. Para empezar, salen 16 cajas de prueba.
En 1996 la cifra se eleva a 906.
La propaganda de Bacardi pinta falsamente a la Cuba de
los 40 y 50 como un lugar de encanto y refinamiento: “Antes
de la Revolución, en Cuba existía un lugar
recreativo donde todo se mezclaba para crear la atmósfera
perfecta, donde reinaban la elegancia y el buen gusto....
La Habana era lugar de atracción para turistas
y dignatarios de todo el mundo”.
Al tiempo que Bacardi amasaba valores por 67 millones
de dólares (a los precios de los años 60),
la extensa población rural cubana, en su mayoría
–incluyendo los propios trabajadores azucareros
de Bacardi- vivían en casuchas sin agua corriente
o electricidad; un tercio eran desempleados o semiempleados,
con un 43% de desempleo. Los socios de Bacardi en la odiada
tiranía de Fulgencio Batista asesinaron a 20.000
cubanos, en sus esfuerzos por preservar su placentero
estilo de vida.
Por otra parte, la Sección 211 establece que los
tribunales de los Estados Unidos no pueden reconocer ningún
derecho a ninguna marca o patente de ninguna empresa –extranjera,
no estadounidense- que tenga conexión con propiedades
que se alegue fueron pertenencia de algún norteamericano
y haya sido nacionalizada por el Gobierno Revolucionario
de Cuba. Así Bacardi afirma ser el dueño
de la marca.
En cuanto al verdadero dueño de la marca, HCH pudo
probar en el proceso que Havana Club nunca fue propiedad
de la firma Bacardi, sino de José Arechabala, S.A.,
quien lo produjo en Cuba hasta 1960. A partir del triunfo
de la Revolución, la mayoría de los accionistas
de esa compañía emigraron a España,
desatendiendo su registro de marca, tanto en España
como en República Dominicana, incluso antes de
ese momento.
En 1974, siguiendo el abandono de la marca Havana Club,
la empresa cubana Cubaexport solicitó inscribirla
y logró su registro en los Estados Unidos (Nº
103165). Los antiguos accionistas de la Compañía
Arechabala no pudieron oponerse por haber prescrito el
derecho a establecer ninguna reclamación sobre
el registro del Havana Club en la USPTO.
Fue solamente después de la formación de
la asociación de empresa Joint-Venture, en 1993,
que los antiguos dueños, instigados por Bacardi,
se interesaron por una marca sobre la cual habían
perdido el derecho, según las propias normas legales
de los Estados Unidos.
BIOGRAFIA DE UN PROCESO
Según cuenta Fernando Campoamor en El hijo alegre
de la caña de azúcar (Biografía del
ron cubano):
1828.“Posterior a la constitución de la ciudad
de Cárdenas se abrieron allí importantes
almacenes de mieles, se inauguró el ferrocarril
(1851), la primera refinería de azúcar del
país (1871), y el alambique y destilería
que son matrices del ron Havana Club (1878), casa fundada
por el vasco José Arechabala”.
1862.“El indolente inglés John Nunes, sujeto
a la rutina de un mínimo alambique, aunque con
calidad, vendió su negocio al catalán Facundo
Bacardi...”
En 1959 triunfó la Revolución Cubana. Posteriormente
y debido a una política de hostigamiento por parte
de los Estados Unidos, el Gobierno de Cuba nacionalizó
empresas tanto cubanas como extranjeras, de acuerdo con
las leyes internacionales. De esta forma llegó
a acuerdos con países como Canadá, Francia,
España, etc. No así con Estados Unidos,
que no quiso sentarse a negociar las compensaciones que
les correspondían por la expropiación de
sus empresas, ni con propietarios cubanos que se exiliaron
y tampoco alcanzaron a negociar las condiciones en las
que podían evaluarse sus pérdidas.
1959. La firma Bacardi se estableció fuera de Cuba,
despojando su publicidad comercial de todo vínculo
con su origen cubano, de sus raíces.
Posterior al proceso de nacionalización, la firma
Arechabala nunca realizó ninguna actividad de tipo
comercial con la marca Havana Club.
1974.La empresa cubana Cubaexport registra la marca Havana
Club en los Estados Unidos sin que mediara oposición
legal al respecto.
1993.La Compañía Bacardi envía cartas
amenazadoras a Pernod Ricard, con el objetivo de que renuncie
a su proyecto de negociación con empresas estatales
cubanas.
1994 Junio. Bacardi trata de registrar en los Estados
Unidos las marcas Little Havana, Old Havana, Havana Select,
Havana Clipper, Havana Classical y Havana Primo. (En junio
de 1998, el Trade Mark Trial and Appeal Board, de la Oficina
norteamericana de Marcas, rechazó el registro de
las últimas cinco marcas antes presentadas).
1994 Julio. Galleon, S.A., filial de Bacardi en Bahamas,
registra en los Estados Unidos la marca Havana Club, en
detrimento de la registrada por Cubaexport en 1974.
1994.Pernod Ricard compra los derechos de propiedad de
la marca Havana Club al formar la empresa mixta HCH.
1995 Septiembre. Galleon, S.A., trata de obtener en la
Oficina norteamericana de Marcas la caducidad de la marca
Havana Club de 1974.
1995-1996 . Bacardi participa activamente en la concepción
y redacción de la Ley Helms-Burton.
1996. Bacardi comunica a las autoridades de los Estados
Unidos falsas informaciones sobre intento de la Joint
Venture franco-cubana de utilizar bienes que le pertenecieron
antes de la nacionalización de 1960, y trata de
incriminar a Pernod Ricard (socio francés) por
concepto de tráfico prohibido por la Ley Helms-Burton.
1996 Julio. Aún cuando sus registros de marcas
no han sido aceptados por la Oficina norteamericana de
la Propiedad Industrial, y esta última no se ha
pronunciado sobre la solicitud de caducidad, Bacardi introduce
en el mercado de los Estados Unidos un ron con la marca
Havana Club, producido en Bahamas, y con una publicidad
(Discover the flavor of Old Havana) que agrava el riesgo
de equivocación de los consumidores en cuanto al
origen del producto.
1996-1997. Bacardi gestiona con los parlamentarios Helms,
Burton y Torricelli la anulación de la autorización
(en noviembre de 1995), relativa a la transferencia de
propiedad de la marca Havana Club que hizo Cubaexport
a favor de Havana Rum and Liquors, y de esta última
a Havana Club Holding. Estas acciones terminaron por producir
la revocación en la Oficina de Control de Activos
del Departamento de Tesoro (OFAC) de la autorización
dada el 13 de noviembre de 1995.
1997. Bacardi obtiene el apoyo de los congresistas Helms
y Burton, quienes firman dos cartas a los señores
Rubin (Departamento del Tesoro, 12/6/1997) y a Einsenstat
(Departamento de Estado, 20/8/1997), de manera que la
OFAC no autoriza una nueva licencia.
Bacardi se reúne con algunos miembros de la familia
Arechabala, con el objetivo de adquirir los activos que
decían tener de la antigua sociedad José
Arechabala, S.A., que dejó de existir en 1960.
Finales 1997. Se disuelve la antigua sociedad José
Arechabala, S.A. y se crea José Arechabala International
Limited, en Baduz (Liechtenstein).
Entre 1993-1998. Bacardi ha desarrollado una campaña
publicitaria para presentar su ron como un producto cubano.
1998 Julio. Lanzamiento en España de un cóctel
a base de ron y de cola (bajo la denominación de
Cuba Libre). Su comercial televisivo contiene imágenes
de Santiago de Cuba en la década del 30, pero el
producto promocionado no contiene ni una gota de ron cubano.
1998 Octubre. Se inserta, en condición de particular
clandestinidad, una enmienda de último minuto en
la Ley del Presupuesto. El congresista Connie Mack, con
el apoyo de Bob Graham, ambos de la Florida, retoma la
propuesta del abogado de Bacardi, Ignacio Sánchez
(21/5/1998), para que Estados Unidos rechace la protección
de las marcas registradas que fueron adquiridas por el
Gobierno cubano en el proceso de nacionalización.
13 abril 1999. Fallo de la Corte de Nueva York a favor
de Bacardi.
EL FALLO DE Y SUS CONSECUENCIAS
Al emitir su fallo ante la Corte de Nueva York, la juez
Shira A. Schelndlin hizo énfasis en que “ha
quedado bien establecido que el Congreso puede aprobar
una ley, que efectivamente suprima derechos de los que
las partes habrían gozado previamente con arreglo
a obligaciones contraídas en virtud de tratados
concertados por los Estados Unidos. Una ley del Congreso
está en paridad plena con un tratado, y cuando
un estatuto, que es posterior en tiempo, no esté
en armonía con un tratado, el estatuto anula el
tratado”.
Los daños no terminaron en el Tribunal. La última
pérdida puede ser la de todos los norteamericanos
que se benefician con la aplicación de las normas
internacionales sobre la propiedad industrial. Las mismas
que han sido burladas, groseramente, por el gobierno de
los Estados Unidos.
Las recientes acciones, incluyendo el fallo en el juicio,
no afectan sólo a Havana Club. Ellas ponen en peligro
a todas las marcas de compañías estadounidenses
registradas en Cuba y podrían caotizar todo el
sistema internacional actualmente vigente, el cual implica
a Europa y América Latina.
De acuerdo con esta manera de repartir justicia, Cuba
bien podría crear una ley que anule el tratado
que ampara a las 400 marcas estadounidenses registradas
en la Isla.
Las acciones de Bacardi (amparadas por un Tribunal norteamericano)
han puesto en peligro a más de 400 compañías
estadounidenses que tienen registradas marcas en Cuba.
Se suponía que la Convención Inter-Americana
de Marcas garantizaba el reconocimiento recíproco
de las marcas entre los dos países.
La propiedad intelectual en la forma de software, películas
y registro de inscripción se ha convertido en los
últimos años en eje principal de las exportaciones
en los Estados Unidos, país que acaba de violar
sus obligaciones de proteger la propiedad intelectual
de otra nación.
Según la abogada Lynne Besresford, de la USPTO,
“la nueva Ley muestra claramente el mensaje que
los Estados Unidos quieren enviar al mundo (nosotros estamos
ciertamente lejos de promocionar en la gente la protección
de las propiedades internacionales)”
“La reacción a la enmienda de Bacardi –alertó
Lynne- puede tomar varias formas: Cuba tiene derecho a
interpretar la disposición como una abrogación
de sus derechos bajo la Convención Inter-Americana
de Marcas de 1931 de expedientar y mantener una marca
en los Estados Unidos. En represalia puede argumentar
que queda relevada de las obligaciones del Tratado de
reconocer alrededor de 400 marcas norteamericanas registradas
en Cuba, incluyendo Hilton, Coca-Cola y Palmolive....”
Al respecto, en
fecha tan temprana como el 8 de enero de 1999, Ricardo
Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional
del Poder Popular, advirtió que “marcas y
patentes no existen sólo en un lado, y los derechos
y atribuciones con respecto a estándares internacionales
necesitan operar para todas las partes. En Cuba hay registradas
marcas y patentes de compañías de los Estados
Unidos. Sus dueños deben estar preocupados de que
la imprudencia de un gobierno de lugar a acciones que
no pueden quedar sin respuesta”.
Los temores del empresario norteamericano comienzan a
conocerse e integran los sumarios de importantes medios
de prensa. El pasado 16 de abril, el Wad Estrés
Jornal se refirió en un artículo al “potencial
diferendo que representa esta decisión para las
relaciones Estados Unidos-Unión Europea”,
al tiempo que admitía la preocupación de
algunos sectores, ante la posibilidad de que Cuba tome
represalias contra compañías con marcas
registradas en la Isla.
No es causal que Leon Brittan, Comisario de Política
Comercial de la Unión Europea, en su visita a Washington,
tuviera entre sus objetivos el de discutir el tema con
el Secretario del Tesoro Robert R. Rubin y la Secretaria
de Estado Madeleine Albright. Desde inicios de año,
Jacques Dondoux, Secretario de Estado de Comercio Exterior
francés, había pedido la intervención
de Brittan, para que Pernod Ricard no fuera perjudicado.
La promulgación de la “Sección 211”
es, simplemente, el último episodio de la campaña
de Bacardi, compañía que ha utilizado el
sistema judicial de los Estados Unidos para obtener una
ventaja competitiva sobre un rival comercial.
El fallo está basado en la Sección 211 de
la Ley del Presupuesto aprobada por el Congreso de EE.UU,
el 21 de octubre de 1998, calificada por HCH como una
pieza legislativa para beneficio propio, cuyo único
beneficiario es Bacardi. Por otra parte, Cuba denunció
ante la Organización Mundial del Comercio (OMC)
esa ley que retira la protección legal a las marcas
comerciales usadas por empresas nacionalizadas después
del triunfo de la Revolución y la calificó
como una extensión del bloqueo norteamericano.
La protesta de Cuba cuenta con el apoyo de la Unión
Europea, la República Dominicana, Malasia, India,
Venezuela, Honduras, Haití, Brasil, Indonesia y
Egipto y no es una denuncia formal ante el Organo de Solución
de Disputas de la OMC, pero constituye una clara opción.
La Unión Europea, en una reunión del Consejo
sobre aspectos comerciales de la propiedad intelectual,
hizo constar que la ley norteamericana “infringe
los derechos de las empresas o individuos que tienen derecho
de propiedad en Cuba y los de las empresas extranjeras
que tienen relaciones con ellos”.
(Este es un análisis realizado por el área
de Sensibilización de Euskadi-Cuba (Una organización
de Amistad y Cooperación entre Euskadi y Cuba)
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